La cardiopatía congénita más frecuente durante la infancia es la Comunicación Interventricular (CIV). Describe un orificio en la pared que separa ambos ventrículos denominado septo interventricular. Puede encontrarse en cualquier punto del mismo, ser única o múltiple, de tamaño y forma variable. Puede presentarse aislada o asociada a otras cardiopatías congénitas más complejas, como la Tetralogía de Fallot, la Transposición de Grandes Arterias o el Canal Aurículo-Ventricular Común.

Según las estadísticas aportadas por CorAll Center Barcelona (CICB), sólo un 30% de los casos de CIV requiere de intervención quirúrgica, ya que el resto se suele cerrar espontáneamente. La técnica principal de diagnosis para detectar una CIV es la ecocardiografía. En la mayoría de casos con defectos no complicados es el único estudio de imagen requerido, tanto para el control clínico como para la cirugía.

Excluyendo la cardiopatía congénita de la válvula aórtica bicúspide que da sintomatología en la edad adulta, la comunicación interventricular (CIV) fetal es la cardiopatía congénita más frecuente. En su forma aislada representa aproximadamente el 20% de todas las cardiopatías congénitas.

Los bebés con una CIV pequeña son asintomáticos. El patrón alimentario, su crecimiento y desarrollo es normal. Habitualmente se detecta un soplo en las primeras semanas de vida siendo el resto de exploración clínica normal. La comunicación interventricular congénita se puede cerrar espontáneamente durante el primer año de vida si es pequeña. Los bebés con CIV mediana o grande desarrollan los síntomas en las primeras semanas de vida: dificultad para respirar, junto con sudoración excesiva, y fatiga con la alimentación. Todo esto compromete la ingesta y conduce a una escasa ganancia de peso.

En las CIV grandes, la corrección quirúrgica se realiza habitualmente entre los 3 y 6 meses de edad, excepto en niños que no mejoran con tratamiento médico donde es factible realizar un cierre precoz antes de los 3 meses de edad.

La corrección quirúrgica completa mediante el cierre del orificio (septo interventricular) con un parche a través de la aurícula derecha es actualmente un tratamiento de elección con muy bajo riesgo. En las CIVs musculares se puede recurrir a la oclusión del septo interventricular mediante el implante de un dispositivo por cateterismo cardíaco, sin necesidad de cirugía. En los casos en que la corrección quirúrgica es requerida, los resultados son excelentes pudiendo realizar una vida totalmente normal.

“Es muy importante propiciar el nacimiento de un bebé en un hospital dotado de servicios de cardiología y cirugía cardíaca pediátrica o, incluso proceder al tratamiento in-útero en determinados casos”, según declaraciones del Dr. Raúl Abella, Director del CICB y Presidente del Comité Científico de la Fundación Carme Chacón.

 

En las próximas entradas de nuestro blog de actualidad, iremos conociendo las principales cardiopatías congénitas, para podernos ir familiarizando con una de las enfermedades que mayor índice de afectación tiene en la población infantil en el mundo: una medida de 8 de cada 1.000 nacidos vivos.  Un total de 1,5 millones de niños y niñas. Esta cifra supera con creces a otras enfermedades, pandemias o conflictos bélicos que afectan a la población infantil.

Clasificación de las cardiopatías congénitas por tipología general:

  •  Las que impiden que la sangre viaje del corazón a los pulmones para captar oxígeno.
  • Un agujero en una de las paredes que dividen el corazón impidiendo así la correcta circulación de la sangre.
  • Una aorta demasiado estrecha impidiendo que la sangre fluya desde el corazón hacia el resto del cuerpo.
  • Válvulas que no se cierran correctamente.
  • Arterias principales ubicadas incorrectamente y cavidades del corazón demasiado pequeñas.
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