En la Fundación Carme Chacón contamos con un Comité Científico de ámbito internacional que reúne a los mejores cardiólogos y cirujanos pediátricos del mundo, como el Dr. Ferran Rosés, jefe clínico de Cardiología Pediátrica del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, cardiólogo pediátrico en CorAll Center Barcelona Quirón-Dexeus de Barcelona y en el Royal Brompton and Harefield NHS Foundation Trust de Londres.

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Dr. Ferran Rosés ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional a la investigación centrada en ayudar a niños con cardiopatías congénitas, especialmente en arritmias raras como la taquicardia ventricular catecolaminérgica polimórfica y el síndrome de QT largo, una anormalidad estructural en los canales de potasio y sodio del corazón, que produce pérdidas de conciencia, paradas cardíacas e incluso la muerte en personas jóvenes. Programas de investigación en diversos proyectos en arritmias fetales, terapia de resincronización cardíaca, síndrome de muerte súbita, autopsia molecular y ablación cardíaca pediátrica. Es autor de más de 40 publicaciones en libros y revistas de difusión internacional en temas de investigación en cardiología.

En unas declaraciones recogidas en diversos medios, el Dr. Ferran Rosés ahondaba en la sensibilización ciudadana sobre las cardiopatías congénitas “afectan a 8 de cada 1.000 neonatos, de los cuales alrededor de un 25% necesita una intervención quirúrgica. Dentro de este grupo de enfermedades del corazón, las más frecuentes son, en este orden, la comunicación interventricular (CIV), la comunicación interauricular (CIA), el ductus permeable, la estenosis pulmonar, la coartación aórtica, la estenosis aórtica, la tetralogía de Fallot, la transposición de grandes arterias, el canal atrioventricular y el síndrome del corazón izquierdo hipoplástico. Estas enfermedades pueden poner en riesgo la vida de los niños. En la mayoría de los casos, si son operados, pueden hacer una vida totalmente normal, aunque deberán seguir controles con los cardiólogos de por vida”.

Hace 30 años la mortalidad era muy elevada: la mayoría de niños con una enfermedad de corazón no superaban la infancia. Actualmente, gracias a los avances del diagnóstico y del tratamiento, la mortalidad se ha reducido drásticamente, situándose entre el 1% y el 3%. 

 

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