Esther Piqueras, madre de Carme Chacón, es la presidenta de la Fundación Carme Chacón. “Durante este primer año hemos podido intervenir a 7 niños que llegaron a España con cardiopatías congénitas que no podían ser operadas en Panamá.  Un país que tiene una estructura sanitaria con una red de hospitales estable.  Esa garantía legal y administrativa nos ha permitido realizar un acuerdo de cooperación internacional con el Hospital del Niño y la Fundación Obsequio de Vida, instituciones panameñas de referencia.

Las cardiopatías congénitas son una de las mayores causas de mortalidad infantil, pero también una de las más evitables, porque la mayoría de ellas son operables. Actualmente, mueren más niños por cardiopatías congénitas que por causa de las guerras o el COVID-19. Es así de terrible. Las cardiopatías son también una pandemia, una epidemia a nivel mundial.  “Nosotros cada año queremos como mínimo operar a 100 niños.  Y lo tenemos que conseguir. Hemos de salvar al año 100 vidas”.

El nombre de Carme Chacón hoy ayuda a salvar vidas. Ella ya tuvo esa idea: luchar por mejorar la calidad de vida de la infancia. Objetivos de justicia social en los que ella creía, salud y cooperación internacional, y asistencia a niños con cardiopatías congénitas de cualquier latitud, raza, cultura o religión.

“Mi hija Carme nació demasiado pronto para poder solucionar su cardiopatía congénita, que era muy compleja. Hoy en día, el Dr. Raúl Abella, presidente del Comité Científico de nuestra Fundación, ya interviene este tipo de cardiopatías, a pesar de su dificultad, gracias a los avances en la investigación y la tecnología cardiovascular.  En este primer año, hemos operado con éxito a niños con cardiopatías muy parecidas a las de Carme, y han podido regresar a su país, sanos. Mi marido y yo pensamos que nuestra hija vive en los corazones de todas esas criaturas. Es una forma más de perpetuar su recuerdo”.

 

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